The wind rises y el animé como retrato de la vida.

En el cine de Miyazaki, el espectador es transportado a un universo con alto contenido maravilloso, un fuerte vínculo con lo infantil, un carácter simbólico claro y, por supuesto, una animación bellísima, que se manifiesta prácticamente como una pintura en constante movimiento.

En “The wind rises” (Kaze tachinu, 2013), el director toma la vida de un ingeniero encargado de idear modelos de aviones de ataque japoneses, en la segunda guerra mundial. El director japonés nunca deja de tratar las consecuencias de un fenómeno social como es la guerra, sus implicaciones en la vida de los individuos y los caminos que se elijen para sobrellevarla: se trata pues, de uno de los principales núcleos narrativos del director.

Pero solo en “Porco Rosso” y en “The wind rises” Miyazaki utiliza los períodos de guerra mundial como sitios narrativos: lugares espacio-temporales , universos ficcionales con leyes propias, mundos siempre cercanos a lo imaginario y onírico pero siempre atados a esta intención de representar un pasado concreto de forma idealizada.

Es interesante comprender a la guerra no solo como un fenómeno histórico sino como un agente determinante en el imaginario social y en el desarrollo de la cultura.

Hayao Miyazaki.
Hayao Miyazaki.

Miyazaki es parte de un acervo de artistas configurados por este contexto histórico que presenta como principal premisa la muerte. Si en el arte posmoderno notamos una considerable preocupación por el hastío, el vacío y la falta de significado (para un joven nacido en los noventa o en la década del dos mil, el verdadero enemigo es este vacío que se refleja eterno en nuestras almas), en este cine condicionado por un factor social como es la guerra, la muerte es el principal enemigo, y ante la posibilidad inminente de muerte, la vida recobra significado por ella misma: las oportunidades son vida y la vida es oportunidad.

Por eso el japonés es un cuentista: narra historias de vida pues todas ellas significan por ellas mismas. Lo verdaderamente importante y significante para Miyazaki es ese correr del río, ese ayudar al otro, ese impulso pasional que conlleva un encuentro súbito con lo que se ama. La vida es lo que se opone a la muerte: donde hay sueños, amor, esperanza y movimiento, hay vida. Y la vida debe ser celebrada.

Vivimos en una época donde nuestro contexto histórico nos ha hecho olvidar el valor de lo cotidiano; existimos en búsqueda de una respuesta que se ilumina todos los días en nuestra vida pero que no vemos; sentimos un vacío insoportable pues, como dice Tyler Durden (Fight club, 1999): “Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.”

¿Será que el tono infantil del cine de Miyazaki no pasa solo por su estilo o ese retorno continuo hacia la niñez, sino que también nos lleva a un estadio de nuestra mente donde el propio acto de vivir y de buscar la felicidad era significante en sí misma? Por eso su cine es maravilloso para nosotros, los “hijos malditos de la historia”: nos muestra una forma de pensar que no requiere de un vacío, nos muestra amor, pasión, dolor, perdón, una forma de vivir y pensar que es una constante corriente que ramifica y lucha buscando vida. “Vivir solo cuesta vida”.

Sobre “The wind rises” poco hace falta aclarar. Es casi imposible no acudir a la biografía del autor para dar sentido a ciertas partes de su filme, pero de ello se puede prescindir si entendemos que Miyazaki destaca por su simplicidad, en esta intención de retratar la vida como fuerza que se opone a la muerte y la destrucción. En este, su último proyecto, se observa también una intención de recuperar un pasado japonés que funciona, en el filme, como un bello sitio narrativo, como un “locus amoenus” donde, aún un hombre como este ingeniero, Jiro Horikoshi, hombre tan cercano a la muerte, encuentra felicidad. En el universo Ghibli, la vida se iguala a una epopeya cuyo objeto de búsqueda siempre es la aventura.

El filme muestra el florecimiento de la vida en un espacio de destrucción y corrupción del alma; la felicidad como fuerza que violenta a la desdicha desde sus entrañas. En sus filmes las historias narran aventuras de cómo ciertos hombres viven en búsqueda de una felicidad añorada, de un cosmos en medio de ese caos atroz.

El tratamiento filosófico en la película respecto del vínculo entre la guerra y los aviones de Jiro es fugaz e implícito, pero funciona metafóricamente: ¿Debe un hombre cuyo entorno está contaminado de guerra renunciar a la esperanza, dejarse contaminar él también? Como dice Caproni, el guía espiritual de Jiro, los aviones son sueños hermosos, pero que poseen un costo.

thewindrises

¿Prefieres un mundo con pirámides o sin pirámides?” le pregunta Caproni a su discípulo, cargando en esa pregunta con la contradicción del sueño de Jiro: “El sueño de volar de un hombre será considerado una maldición. Porque la aeronave será famosa por la matanza y la destrucción.” Jiro elige un mundo con pirámides, elige seguir a la felicidad aún en esta realidad donde la estúpida violencia del hombre condiciona aún los sueños más hermosos.

La película retorna hacia el final a la cita que le dio nacimiento: “The wind is rising! We must try to live.” Valéry le habla a Miyazaki. Toda su obra se repliega sobre esta frase: buscar significado allí donde hay muerte, reafirmarse, explotar la vida hasta el último suspiro.

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