Especial: El cine de Steve McQueen. I – Hunger (2008)

Esta va a ser la primera entrada de un especial acerca del cine de McQueen que se dedicará a los tres largometrajes que hasta ahora ha realizado. Se ejecutará la misma tarea que en este blog nos proponemos a hacer con toda obra de arte: escribir una crítica, es decir, producir sentido a partir de la descomposición y análisis de dicha obra. Creemos que el camino que se recorre al significar una obra no tiene un final. Su límite queda marcado solo por la capacidad del crítico de re-producirla en su mente. En palabras de Blanchot: “La repetición del libro mediante el comentario es ese movimiento gracias al cual, en la carencia que hace hablar a la obra, una nueva palabra, palabra nueva y sin embargo la misma, pretende llenarla, colmarla.” (Maurice Blanchot).

El primer largometraje de la todavía joven carrera del director inglés es Hunger (2008), filme de 96 minutos que presenta, sin un orden narrativo particular, un acontecimiento político de carácter histórico como es una huelga de hambre irlandesa de 1981. A lo largo de toda su carrera, McQueen ha elaborado un arte con conciencia social. Sin embargo, sus filmes no pueden limitarse al activismo político. A partir de la ficcionalización de un acontecimiento puntual se genera una película plural, multifacética y de idiomas diversos.

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No es posible continuar sin aclarar ese límite tan adverso que se da entre ficción y realidad. Sin organizarlas en una estructura jerárquica, ambas esferas de la existencia constituyen la experiencia del hombre. El arte es siempre creación ficcional, y por lo tanto, posee una ventaja respecto a aquellas producciones que se rigen bajo los principios de la “objetividad” (el famoso non-fiction). El no censurarse ni someterse a un régimen estricto de realidad otorga al artista la libertad de conectarse de manera peculiar con la historia y formular un producto que, a su vez, haga lo mismo con el lector.

El cine de McQueen retorna siempre a una serie de cuestiones primordiales y originarias. Uno de los grandes objetivos de su arte es el de transmitir estas problemáticas de una manera que muchos describen como “intensa”. Se trata de incluir al espectador a su película. Para esto no utiliza artificios como, por ejemplo, una verosimilitud cercana a nuestra realidad, o un narrador que habla hacia la cámara. Hunger nos introduce en su universo porque expresa “humanidad”.

Al intentar caracterizar la tragedia griega, los teóricos tuvieron que buscar las palabras exactas para traducir los distintos términos que Aristóteles describe en su Poética. En esencia, la tragedia se caracteriza por generar en el espectador dos sentimientos muy particulares: eleos y phobos. A diferencia de traductores anteriores, Walter Kaufmann (1921 – 1980) comprendió a la primera como “humanidad”, es decir, esa sensación que proviene de observar un acto inhumano, un acto que ningún hombre (por su misma condición y dignidad) debería recibir.

Las películas de McQueen transmiten humanidad, y a partir de este vínculo de origen trágico que el filme genera con el espectador, nos incita a horrorizarnos por acontecimientos de naturaleza histórica, es decir, lleva adelante una tarea social/política a partir de una herramienta literaria.

Alejado de la tragedia está otra de las propiedades del cine de McQueen. Su arte se caracteriza por una fuerte impronta de lo físico. Se trata de la reivindicación de la existencia corporal (por sobre la existencia conceptual). El caso de Hunger es excepcional en este sentido. La perturbadora degradación corporal de Bobby Sands funciona denotando una gran diversidad de significados. Por ejemplo, simboliza la decadencia moral y ética que se vive en esta prisión.

Sin embargo, el cuerpo no es solo un signo en el filme. Vincent Amiel dice en su estudio del cuerpo en el cine: “En nuestras pantallas, los cuerpos se alejan. Y la carne, que todavía palpitaba en la materia de la luz, desaparece de nuestras representaciones electrónicas. La superficie, poco a poco, reemplaza a la textura.” (Vincent Amiel, “El cuerpo en el cine”).

El cuerpo se utiliza como un signo pero también se filma en su inmediatez material, liberada de toda tarea significante. Es decir, McQueen ejecuta un cine que buscar romper esa barrera creada por las pantallas, devolver al cuerpo su textura, su existencia física.

Los primeros pasos de la carrera de este director se aproximan más al videoarte que al cine convencional. Ya no hablamos aquí de películas proyectadas en las clásicas salas y con las estructuras conocidas, sino exposiciones cuya producción también tiene en cuenta los medios en los cuales el espectador entrará en contacto con ellas.

Steve McQueen

Su primer trabajo, “Bear” (1993) es un ejemplo de los orígenes del director. Tomamos parte del análisis de Joan Sala (para Filmin) respecto a este trabajo para ejemplificar una de sus particularidades: “Como ocurre en la mayoría de sus instalaciones fílmicas, la interacción física del espectador con la imagen proyectada produce un sentimiento de dislocación espacial que se acentúa en este caso por la ausencia de sonido y por ser la propia respiración del espectador la que completa la proyección.”

Ciertos vestigios de este pasado resuenan sobre todo en Hunger. Esta es, podríamos decir, una película de transición entre este comienzo experimental y el cine con organización narrativa que lograría en “12 years a Slave”. En relación a esto es pertinente señalar la causa de esa falta de organización narrativa que se ha mencionado: el director organiza las secuencias según el significado de las imágenes y no según el orden cronológico de una historia.

Para comprender esta cara del cine de McQueen, hay que realizar un principio de estudio simbólico. La falta de diálogo nos marca un principio esencial en Hunger: no existe en ella, salvo por la escena céntrica del filme, ningún tipo de significación lingüística. Nosotros no recibimos un mensaje a partir de palabras. En cambio, McQueen opta por un medio de significación menos convencional, presente durante toda su carrera como videoartista: las imágenes y el sonido.

Al leer un diálogo, automáticamente interpretamos el significado de las palabras, es decir, desciframos un código que conocemos. Sin embargo, en el caso del arte plástico (y lo mismo podemos considerar respecto a la música), nuestra interpretación no pasa por la decodificación de un mensaje enunciado, sino que estos medios de expresión tienen en nosotros efectos distintos. Basta con pensar en la imagen de un electrocardiograma (la representación gráfica de la frecuencia cardíaca de un paciente que vemos en los filmes donde aparecen hospitales). ¿Qué transmite esa imagen? Sensaciones, y no cualesquiera, sino unas muy particulares, totalmente opuestas a lo que nos puede generar, por ejemplo, la imagen de una mujer encinta. Si bien uno puede traducir esas sensaciones a palabras (y podemos decir que el primero nos evoca a la situación de muerte y el segundo a la de vida) las sensaciones que nos generan no provienen de descifrar un mensaje.

Este tipo de significación es utilizada constantemente en Hunger. A partir de este principio podemos hacer un extenso estudio simbólico respecto al filme. Si les interesa particularmente, aquí hay un excelente análisis realizado por @JamesSmithFilm.

No es posible, sin embargo, dejar de mencionar una escena central que demuestra la profundidad y complejidad de Hunger en cuanto a la utilización de imágenes y la significación mediante ellas, que es la de la limpieza de la celda de Davey Gillen y Gerry Campbell. La utilización de excremento como material de creación artística es una imagen poética muy rica porque alberga contradicciones sustanciales (ya mencionadas en el análisis de James Smith). A su vez, y siguiendo la línea interpretativa con la que se inició el análisis, es muy interesante estudiar el tratamiento del concepto de humanidad que supone esta escena. La necesidad de los prisioneros de utilizar excrementos  para lograr una expresión, la expresión artística como manifestación de rebeldía y libertad y la suciedad e insalubridad que conlleva para la vida diaria de los reos son algunas de las problemáticas que demuestra esta escena.

Todo retorna a una teoría inicial respecto al objetivo del cine de McQueen: sus filmes buscan transportar al espectador al universo ficticio. No simplemente contar una historia, sino recrearla en nuestra mente a partir de medios de significación diversos; convertirnos en Bobby Sans; transportarnos a esa prisión donde se viola la esencia del ser-humano; hacernos sentir la suciedad, la incomodidad, el hambre y el sufrimiento.

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