Ciencia ficción: hombre y máquina, en diálogo constante

Si bien el concepto de género literario, y el espectro de obras que cada uno abarca, son especialmente problemáticos (por el tema de la arbitrariedad, por ejemplo, a la hora de encasillar una novela en categorías que le son extrañas), tiene una utilidad bastante alta: la de significar y agrupar ciertas obras cuyos enfoques o temáticas se asemejan.

Además de los géneros, es posible marcar dentro de una serie de textos (o en uno en particular) algunos ejes que organicen la lectura y nos permitan significarla desde perspectivas más enriquecedoras. Este recurso es concretamente útil si lo que queremos es hacer un análisis o texto propio a partir de la lectura.

La ciencia ficción, así, se caracteriza principalmente por abordar una serie de temáticas fácilmente reconocibles, que se repiten de una u otra manera: el avance de la tecnología, los viajes espaciales, la existencia de vida extraterrestre, entre otros.

De esta manera, vamos a repasar dos o tres obras que pertenecen al género de la ciencia ficción, y tomar como puntos de referencia dos elementos centrales, que mantienen una relación dialéctica entre sí: el hombre (o la mente humana) y un artefacto producto de esa mente.

Si tenemos en cuenta La invención de Morel (Bioy Casares) y Llamada Nocturna (Bradbury), veremos que el hombre es presentado y problematizado fundamentalmente como un sujeto. Es, por lo tanto, pensado como una subjetividad de carácter activo; piensa, experimenta sensaciones, se plantea cosas. Vive.

En la novela de Bioy Casares, por ejemplo, Morel inventa una máquina capaz de perpetuar y repetir indefinidamente los hechos sucedidos en un período de tiempo determinado. El aparato puede reproducir imágenes en tres dimensiones, olores y sonidos, lo que da a esos “hologramas” una perfecta apariencia de humanos.

El protagonista y narrador sirve un poco de “excusa” para contar la historia. Morel, el científico, es evidentemente movido por sus sentimientos: el deseo de que una escena que le provoca la máxima felicidad concebible se repita una y otra vez. El narrador, a su vez, permite mostrar la interacción (o la percepción) que un hombre cualquiera puede tener sobre un artefacto.

BIOY

Llamada nocturna es otro excelente ejemplo en el que hombre y máquina se relacionan y afectan mutuamente. La situación es más “personal” que en La invención de Morel, por dos motivos: la máquina constituye, al mismo tiempo, una creación y una “parte” del protagonista. Se trata de una compleja red de aparatos que recrean la voz y el pensamiento de él mismo en su juventud (al momento que creó tal artefacto).

Tomando como referencia los dos puntos que venimos marcando, entonces, podemos establecer que el efecto del cuento se logra a través de ese diálogo entre la atormentada mente del protagonista, que vive completamente solo en Marte desde los últimos sesenta años, y la creación de éste, destinada en un principio a servirle de redención pero que finalmente termina siendo la causa de su locura y muerte.

La cuestión de la razón (entendida como capacidad intelectual), sin embargo, también está presente. Algunos de los personajes, como vemos, son sumamente hábiles y poseen conocimientos técnicos que les permiten crear máquinas. Pero no se trata de hombres exclusivamente racionales: los sentimientos aparecen primero como guía o eje de esa razón, de la cual se valen; y luego como reacción frente a los resultados que han logrado gracias a ésta.

A propósito de las sensaciones, podemos considerar ahora el elemento que se presenta como ajeno y que, al menos en estos casos, es la causa (o el estímulo, según se vea) de todo este repertorio de respuestas humanas.

La máquina, lejos de tomar un rol pasivo, afecta al hombre. Ya sea porque es capaz de lograr cierta autonomía, porque los efectos previstos no funcionan, o por cualquier otro motivo, esa creación da origen a una expresión humana. En última instancia, el artefacto sirve de espejo al hombre, pues ella es a su imagen y semejanza; lo que realmente aterroriza al sujeto no es propiamente la creación, sino lo que él mismo es y, en virtud de ello, de lo que es capaz.

En base a esto podemos afirmar que lo que se narra en estas obras es una especie de juego o diálogo entre dos partes. El artefacto, naturalmente, es creado y diseñado por el hombre. Éste imprime su sello en cierta forma en el aparato al cual da vida. Simultáneamente se nos presentan otros ejes alternativos, o que complementan al mencionado, como razón-pasión, fin-medio, creador-creado, etc.

BRADBURY

Tanto en La invención de Morel como en Llamada nocturna hay una situación de trasfondo: el protagonista vive en soledad -o no, si consideramos que las máquinas constituyen una entidad autónoma semejante a una persona. La cuestión de la memoria, por otro lado, entendida como fuente de la constitución de la mente, y como medio de acceder a un pasado conflictivo, también juega un papel clave.

Si antes hablábamos de una razón opacada o subordinada por las sensaciones y los sentimientos, podemos afirmar ahora que esa razón se encuentra “manifestada” en el elemento externo artificial. Un robot, un fármaco u otro tipo de artefacto representa el avasallante avance de la tecnología, y lo que luego trabaja la obra es el modo en que ésta impacta en el hombre. La tecnología y la ciencia en general son perfectamente asociables al intelecto humano, del cual son hijas.

¿Se trata de una crítica a la modernidad? Los artificios son producto del hombre, de su razón hipertrofiada y exaltada; esa razón, ahora, cobra vida propia al materializarse en un aparato, independizándose de su creador. ¿Posee la máquina, como el hombre, pasiones que den sentido a sus actos?

En definitiva, vemos que hombre y máquina, razón y pasión, mantienen entre sí relaciones complicadas, dinámicas y de mutua influencia. La ciencia ficción muestra esos vínculos dialécticos, y a partir de ellos problematiza la realidad. El efecto final se logra a través de la incógnita; los planteos siempre quedan abiertos, inconclusos; el lector es aquél capaz de llenarlos.

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3 comentarios

  1. Buenas, mi nombre es Andres Capeluto y te escribo desde Montevideo. Gracias por seguir mi blog.
    Estoy de acuerdo a las conclusiones que llegás con respecto a los planteos teóricos de los cuales la ciencia ficción se sirve de materia prima. Mientras leía recordaba algunas entrevistas que le hacen a James G. Ballard (El imperio del Sol, Crash) en las que asegura que lo bueno del género de la ciencia ficción no es sólo exponer la cuestión de la condición cyborg del hombre (organismo cibernético) como el paradigma último de la ciencia, sino también que es una apuesta a la reflexión sobre mitologías que expliquen los destinos finales de la humanidad, los horizontes que ya vienen.
    Saludos.

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    • Hola Andres, gracias a vos por pasar y comentar!
      Me gusta esa idea de que la ciencia ficción no se limita a la descripción o especulación sobre el avance de la tecnología (por decir un tema). Y creo que sí, que recurre a ellos como “materia prima” para plantearse problemas acerca de lo que decís, el origen y el destino humano. La verdad es que nunca leí a Ballard, pero por lo que contás parece un autor más que interesante y para tener en cuenta.
      Un saludo desde Mar del Plata.

      Le gusta a 1 persona

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