Gary King, héroe existencialista

Peculiar es, sin duda, la combinación de estilo y humor que Edgar Wright ha impreso a todos sus filmes hasta el momento. Son de destacar tanto la trilogía abierta en 2004 por Shaun of the Dead, como la muy interesante adaptación que realizó en 2010 de las novelas gráficas dibujadas por Bryan Lee O’Malley, titulada Scott Pilgrim vs. the World.

La última gran producción cinematográfica que contó con su marca personal fue The World’s End, donde encontramos de nuevo a la dupla protagonista de Simon Pegg y Nick Frost. Este desopilante sci-fi funciona como cierre de la trilogía abierta en 2004. Lo que une a estas tres películas (dentro de las cuales se incluye también Hot Fuzz, de 2007) no es un hilo narrativo continuado, sino una serie de principios estilísticos comunes, y, como dijimos, la genial combinación de actores principales.

Ahora bien, el profundizar en esta estética o en las herramientas de producción de humor de la película exigiría una reflexión aparte. Lo que me propongo en esta entrada es vincular esta película con una corriente filosófica, con el esencial objetivo de ejemplificar el hecho de que no solo las películas “serias” generan pensamiento.

Gary King
Gary King

El argumento de la película es simple y vale la pena recuperarlo. Comienza la historia de Gary King, un hombre de 40 años que vive en el pasado y que todavía no ha podido superar la adolescencia. El personaje caracterizado por Pegg reúne a su grupo de amigos para concluir una odisea de bebida por cinco bares de su pueblo natal. Estando allí los personajes, la línea narrativa se bifurca y nos encontramos con otra historia que continúa paralela y unida a la primera, y que pone a los personajes en una carrera de tiempo para salvar a la humanidad.

No puedo pensar en otra forma de continuar sin incluir ciertos spoilers ligeros (deducibles ya en los trailers de la película). Tras este giro narrativo que es tan caro a toda la filmografía de Wright nos encontramos con un dilema moral: una raza de alienígenas ha habitado la tierra desde hace unas décadas y parece que solo quieren ayudar a los humanos a convertirse en una raza superior. Sin embargo, el seguirlos implica someterse sino al control, a la propia concepción de vida (es decir, a la cosmovisión, y con ello a la leyes sociales, morales y culturales) de estos seres de luz.

Los alienígenas y, principalmente, Gary King, se posicionan en una relación conflictiva que funciona metafóricamente encarnando los dos polos de ese viejo vínculo autoridad-subordinado, que podríamos ejemplificar en la situación padres-hijos. Para ponerlo en términos foucaultianos, los seres extraterrestres poseen el saber (son superiores en conocimiento), y por lo tanto, también el poder, y por lógica universal, los humanos deberían seguir sus enseñanzas y mandatos.

Durante todo el filme, uno de los componentes humorísticos más dinámicos es la caracterización de la rebeldía del protagonista ¿Responde esta a una condición de inmadurez? ¿Se trata de una desobediencia necia e injustificada? ¿O es King un tipo ficcional que representa una condición humana inmanente? En otras palabras ¿Es verdad que todos somos Gary King, como sugiere el protagonista hacia el final del filme?

En 1946 se publicó por escrito una conferencia dictada por Jean-Paul Sartre, donde el expositor responde a los principales reproches realizados hacia el existencialismo. Este texto, titulado “El existencialismo es un humanismo” puede tener ciertas respuestas a las preguntas que abre este filme.

Jean-Paul Sartre
Jean-Paul Sartre

Esta conferencia es a tal punto didáctica, clara y directa, que se ha considerado como un manifiesto de esta corriente filosófica, por lo que es especialmente útil a la hora de introducirnos en ella y de relacionarla con otras cosas.

Si Sartre viera The World’s End, probablemente celebraría el espíritu de rebeldía juvenil del cuarentón Gary King, pues este reivindica una de las condiciones de existencia con las que el filósofo caracteriza el ser humano. Dice Sartre: “El hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida”.

La principal tesis que se defiende durante la conferencia es que la existencia precede a la esencia. Esto quiere decir que el humano no nace con un modelo a seguir, un itinerario que cumplir, un destino que alcanzar, un significado al que responder. Es, en todo el peso y la seriedad de la palabra, un ser libre. Puede y debe generar su propia esencia, construirse desde la nada. En Sartre, la libertad conlleva responsabilidad. Pensemos en qué tan liberado se hubiera sentido Edipo al pensar que toda su vida estaba ya predestinada, por lo que su “culpabilidad” era tan relativa como su voluntad.

No. El hombre se encuentra solo, y está “condenado a su libertad”. Y es exactamente esto lo que Gary King grita a los alienígenas en el final de la película. Es esencialmente este principio el que sustenta la rebeldía del protagonista: una completa autoconciencia, una liberación de cualquier norma externa.

En este sentido, Gary King es un héroe existencialista, que no vacila a la hora de reafirmar el primer y único gran derecho que le es inmanente al hombre: la libertad. La busca en un pasado idealizado, en una aventura juvenil, la desea con angustia en cada uno de sus gestos, y la reclama a sus “autoridades”. Se encuentra todo esto resumido en la frase que improvisa el personaje de Simon Pegg mientras discute con esa voz que habla desde un fulgor misterioso: “Hay más de un Gary King”.

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