Plan de evasión, de Adolfo Bioy Casares

Plan de evasión (1945) es la segunda novela publicada por el argentino Adolfo Bioy Casares, tras su exitosa La invención de Morel (1940). Ambas obras comparten semejanzas evidentes, las cuales pueden observarse tanto desde el argumento (escenarios y personajes) como desde el género en que se enmarcan (la ciencia ficción).

Enrique Nevers, enredado en un conflicto familiar, es acusado por su tío Pierre de robar unos documentos. Dado que la denuncia viene del mayor de la familia, Enrique se ve obligado a obedecer el exilio que éste le “sugiere”: pasar un año en las Islas de la Salvación, como administrador de la famosa cárcel. Si accede, Pierre promete que la novia del protagonista no se enterará del asunto, y, pasado el plazo, recibirá su perdón.

La estructura narrativa subyacente a la novela se deja ver con cierta facilidad: llegada del protagonista a una isla; progresiva aparición de eventos aparentemente inexplicables; la resolución de los conflictos del protagonista pasa a un segundo plano; explicación final de los hechos fantásticos mediante un discurso que apela a cierta cientificidad; y pensamiento o reflexión, en base a la relación que existe entre el hombre y su artefacto, o los efectos que éste imprime sobre el primero.

Nos encontramos frente a una obra cuya culminación o propósito no se identifica con lo que acontece al protagonista. En este sentido, su historia se convierte en una excusa, en un instrumento del autor para narrar aquellos hechos o plantear aquellos problemas que constituyen el destino de la narración. Si nos detenemos en cómo se resuelve la historia personal de Nevers, nos vamos a encontrar con que se menciona, sí, pero a la pasada; se sugiere cualquier pretexto para darle un cierre. En concordancia con esto, la novela es corta, no tiene historias de relleno, y todos los elementos que aparecen cobran importancia en la medida que le son útiles.

bioy

Es ocurrente la voz que elige Bioy para narrar los hechos: Antoine, tío menor de Nevers, con quien se ha comunicado por carta mientras estuvo en las islas. El relato de este hombre se refiere a las preocupaciones que su sobrino le ha expresado acerca de los acontecimientos de su nuevo hogar: una enfermedad que mata a los presos, la cárcel en sí misma y Pedro Castel -el director de la prisión-, un personaje enigmático.

Cuenta de Nevers que se debate entre pensamientos opuestos acerca de Castel (por quien siente un profundo desprecio, y se lo hace notar): cree, alternativamente, que el director es un maniático, que ha sido contagiado por la enfermedad y es víctima de delirios, que está organizando un motín junto a los presos, que hace una suerte de estudio respecto a la conducta de sus presidiarios, y que experimenta en busca de una droga que los salve de la peste.

El autor recurre, además, a las intervenciones de otras voces, recopiladas a través del narrador. Así, los hechos son referidos en dos tipos de letras (una cursiva) a lo largo de prácticamente toda la novela: Antoine, como narrador, relata la historia de su sobrino, y en sus oraciones se filtran deliberadamente frases textuales de Nevers (sacadas por Antoine de las cartas).

Como lectores somos colocados, de esta manera, en la posición de testigos de ese juego de voces diversas (el narrador incluye otros discursos, además del de Nevers), que a veces se complementan y otras se contradicen, pero en última instancia son claramente direccionadas por la postura de Antoine.

islas de la salvación

Islas de la Salvación (Guayana Francesa), donde transcurre casi toda la novela

Como, desde nuestra lectura, creemos que todas las voces y artificios a que echa mano el autor se dirigen hacia un punto en particular (explotar el elemento fantástico), podemos, para no spoilear, cerrar este breve comentario aludiendo sólo de manera imprecisa a la resolución de la obra.

La carta final que el director de la cárcel deja despeja las dudas de Nevers (y del lector, claro), al explicar los inquietantes experimentos que lleva a cabo en los presos y, por último, en él mismo. En esta confesión de Castel, también se explican los motivos que derivaron en la concreción de semejante empresa. En concordancia con nuestra hipótesis inicial, este testimonio se identifica con aquellas reflexiones y problematizaciones acerca del elemento fantástico (los motivos y efectos de las experiencias de Castel). Concluimos citando uno de esos planteos, un tanto nietzscheanos por cierto.

“Como en una criptografía, en las diferencias de los movimientos atómicos el hombre interpreta: ahí el sabor de una gota de agua de mar, ahí el viento en las oscuras casuarinas, ahí una aspereza en el metal pulido, ahí la fragancia del trébol en la hecatombe del verano, ahí tu rostro. Si hubiera un cambio en los movimientos de los átomos ese lirio sería, quizá, el golpe de agua que derrumba la represa, o una manada de jirafas, o la gloria del atardecer. Un cambio en el ajuste de mis sentidos haría, quizá, de los cuatro muros de esta celda la sombra del manzano del primer huerto.”

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Un comentario

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    Gracias por vuestro tiempo, y perdonad las molestias.
    Un saludo

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