El lobo estepario, de Hermann Hesse

“Así es como los dos Harrys –ambos eran figuras muy poco atractivas- se colocaban frente al buen profesor, se burlaban el uno del otro y volvían a preguntarse, como siempre en esos casos, si este egoísmo sentimental, esta falta de carácter, esta impureza y ambigüedad de los sentimientos no eran más que estupidez y debilidad humanas, el destino común de todos los hombres, o si eran apenas una especialidad personal, típica del Lobo Estepario. Si la porquería era algo general y humano, bueno, en ese caso mi desprecio hacia el mundo podía abalanzarse sobre ella con un ímpetu renovado. Si sólo era mi debilidad personal, entonces provocaba una orgía del desprecio a mí mismo.”

Si nos proponemos hablar del argumento de la novela, podemos señalar sin demasiados problemas que en ella se narra la serie de transformaciones que sufre Harry Haller durante cierta etapa de su vida. En este sentido, El lobo estepario es un buen ejemplo de lo que suele denominarse ´realismo psicológico´; el texto constituye un detallado retrato de los pensamientos y sentimientos del protagonista.

Para Harry, la vida consiste en una reconstrucción constante de ideales; un trabajo perpetuo de romperse en pedazos, arrancar máscaras y, tras un ocaso de frío y silencio, volver a empezar. No se trata de algo así como un constante levantarse ante situaciones adversas, no. Lejos de eso, a lo que Harry se refiere es un progresivo descenso hacia el interior de uno mismo, un doloroso desprendimiento de identidades, círculos y superficialidades, cada uno de los cuales es seguido de una reconstrucción.

En este sentido, Harry describe su propia mente como el escenario de una puja constante entre dos adversarios, y alrededor de ese enfrentamiento gira buena parte de la obra: por un lado el hombre, y por el otro el lobo. La relación entre ambos es compleja porque no se trata de la típica oposición entre un costado ´bueno´ y otro ´malo´, como sí vemos, por ejemplo, entre Jekyll y Hyde.

El combate se da entre dos partes que no se distinguen completamente entre sí, y esto es por la manera en que cada una ha avanzado sobre la otra. En el lado humano de Harry conviven la erudición con la soledad y el desprecio hacia “lo burgués”, mientras que su lado animal es aquel que se alimenta del fracaso y la miseria de su compañero.

Sin embargo, esta lógica binaria a través de la cual Harry se reconoce es desafiada sobre el final de la obra. Lo que se plantea, mediante una serie de eventos que sugieren la presencia del elemento fantástico, es lo siguiente: la causa de sus tormentos tiene origen (al menos parcialmente) en esta visión limitada, que sólo contempla dos costados de su ser; el erudito, que disfruta de la música de Mozart y lee a Novalis, y el insociable, incapaz de mantener una conversación o estar rodeado de gente.

Lo que se plantea, precisamente, es la posibilidad de convivir con múltiples identidades, no meros estados de ánimo; poder ser muchos siendo uno. El texto va un poco más allá, y busca desafiar incluso los límites que asignan las identidades sexuales y de género, la racionalidad y  la propia individualidad.

hesse

Si dejamos de lado lo que tiene que ver estrictamente con el argumento, y prestamos atención a determinados elementos narrativos, podemos identificar una serie de desplazamientos a través de los cuales se establecen distintas relaciones entre el protagonista y el lector. Un juego de aperturas y ocultamientos. Movimientos que, alternadamente, nos aproximan y nos alejan de Harry, de su forma de ver el mundo, de sus observaciones y estados de ánimo.

Historias enmarcadas, cambios de narrador, la “introspección” del protagonista, la aparición de nuevos personajes; toda una serie de recursos a través de los cuales la lectura cambia de ritmo, pero no de dirección.

¿De qué se tratan estos movimientos, en qué consisten? Me refiero al efecto por el cual somos llevados, en tanto lectores, a ver a un mismo personaje de maneras completamente distintas, y a reaccionar ante sus pensamientos de formas opuestas, a medida que se suceden estos recursos.

De esta forma, cuando tenemos a Harry como narrador, tomamos en serio sus pensamientos y observaciones, por más extravagantes que sean; buscamos la forma de entenderlo o de darle la razón, al menos parcialmente. Es que el texto nos pone en esa situación: sólo vemos a través de los ojos de Harry, que transforman cada acto cotidiano e irrelevante en un asunto de mucha importancia, digno de su desprecio; y sólo vemos al Harry que él mismo ve, el compuesto por dos costados conflictivos y desagradables.

Ese ritmo monótono y ´desautomatizador´ es interrumpido en varias ocasiones a través de elementos puntuales ya mencionados: los cambios de narrador y la aparición de personajes nuevos. Son estos eventos los que nos alejan de Harry; y son, también, un alivio, porque nos permiten tomar distancia de la mente abrumada del protagonista.

Son ellos, entonces, los que introducen el verdadero problema para el lector, porque lo hacen entrar en conflicto con la imagen y parecer que se ha formado del protagonista. Aspectos de éste, hasta el momento ignorados, son desnudados por completo a través de la interacción entre Harry y Hermine. Del mismo modo, visiones alejadas e ´imparciales´ nos hablan de Harry de un modo muy distinto al que él nos había mostrado.

Así, por ejemplo, unas pocas palabras de Hermine bastan para dejar en ridículo a Harry, cuyos aires de desprecio y superioridad se vienen abajo. Pero quien también queda en ridículo es el propio lector; aquel que, habiendo caído en la trampa, ha sido capaz de tomar en serio semejante absurdo. Aquello que antes era trágico y majestuoso se transforma en algo tonto, cómico, ingenuo o vergonzoso.

Y, sin embargo, los senderos del texto nos depositan de nuevo del lado del protagonista. Entran en conflicto las visiones que nos hablan de un Harry diferente con el propio texto, que parece esforzarse en mostrarnos un hombre incomprendido pero razonable. Idas y vueltas que incomodan al lector, a quien se le exige determinar una y otra vez quién es este hombre y qué piensa de él.

A partir de esta lectura, en definitiva, lo que está en juego es quién está por encima de quién: si Harry o el lector. Cuando lo tomamos en serio, ¿estamos siendo presos de sus fantasías, de su visión rígida y pesimista? Y cuando sus planteos nos parecen absurdos, ¿lo estamos subestimando?

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