Little Boy (2015)

“¿Cómo alguien podía ser asesinado así, de repente? ¿Cómo podía ser asesinado por gente que ni siquiera conocía a su víctima, una víctima que no podría haberle hecho ningún daño a sus asesinos?”[1]

Little boy nos traslada a un pueblo de Estados Unidos durante la segunda guerra mundial. Un niño de ocho años, Pepper, debe enfrentarse a la dolorosa partida de su padre, quien, tras haber sido reclutado por el ejército de su país, es enviado a tierras japonesas. El eje del argumento, entonces, gira en torno a las expectativas de Pepper de reencontrarse con su padre. Dos figuras importantes -el cura del pueblo y un vecino, el sr. Hashimoto- moldean de formas opuestas la visión del chico frente al esperado regreso y, en un sentido más amplio, hacia la vida misma.

Pepper es conocido por todos por su baja estatura, y de ahí su apodo: Little Boy. Pero, avanzada la película, se hace notar por otra cosa: se cree que el chico es capaz de producir milagros, gracias a su obstinada fe. De esta manera, todos se convencen de que Pepper ha provocado un terremoto, luego de gritar con fuerza, con las manos extendidas hacia una montaña.

littleboy

La figura de Hashimoto es central en la obra por diversas razones. La primera y más evidente, porque se hace amigo de Pepper, y la influencia que adquiere sobre el niño crece a medida que se desenvuelve el argumento. La segunda razón, porque encarna las adversidades que los inmigrantes deben sufrir por parte de los nativos, o al menos la de cierto grupo de ellos. En el contexto de la guerra, un grupo de hombres –entre ellos el hermano mayor de Pepper- se dedica a perseguir a Hashimoto, convirtiéndolo en el blanco de amenazas y embestidas. “Ustedes asesinaron a mi hijo”, lo acusa uno de los agresores, en referencia a los fatales efectos de la guerra.

Y éste es uno de los puntos más altos de la película: la forma sencilla y manifiesta en que se retrata el maltrato hacia Hashimoto, el inmigrante; quien perfectamente podría ser el judío, el homosexual, el negro. Junto al desprecio, que es lo que se pone en evidencia, la película propone problematizar la serie de creencias y sentimientos que impulsan a los agresores actuar como lo hacen. Es allí donde el espectador es provocado a abandonar su mera pasividad: ¿Por qué Hashimoto debe pagar los crímenes de la guerra? ¿Qué se gana al lastimarlo?

Una situación similar a la planteada en la película es la que Amartya Sen narra y analiza en su texto. Tanto en el caso ficticio como en el real, la violencia se desata a partir de diferencias religiosas, étnicas o culturales. Con más precisión, se trata de las formas que puede adoptar la relación entre la violencia y las cuestiones de identidad. El planteo de Sen no habla de “evitar generalizaciones”; lejos de buscar conclusiones del tipo “bueno, después de todo, algunos japoneses pueden no ser malos“, lo que se deja al descubierto es la total ingenuidad de la que parten los agresores.

La visión de estos grupos violentos es errónea porque es singularista: reconoce y asigna una sola identidad a las personas. Como sucede con el hombre asesinado del que Sen nos habla en su texto, a Hashimoto le quitan todas sus identidades, menos aquella que lo convierte en un otro -la cual es, a su vez, debidamente demonizada. Sus otras identidades son negadas, especialmente las que comparte con sus agresores (como la ciudadanía estadounidense, el ser víctima de la guerra y, especialmente, la pertenencia al género humano). En virtud de esto, Hashimoto, quien ahora sólo es un inmigrante, un japp, es responsable de las muertes de los soldados estadounidenses, y merece el más bajo de los tratos.

hashimoto

Después del evento del terremoto, Pepper se había convencido de que su fe le daba fuerzas extraordinarias. Guiado por esta creencia, y por el fuerte deseo de reencontrarse con su padre, Pepper se propuso terminar él mismo la guerra. Como la vez anterior, dirigió sus ´poderes´ hacia el océano, en dirección a Japón, día tras día, incansablemente. Hasta que algo sucedió: para todos en el pueblo, un nuevo milagro de Little Boy.

Particularmente irónica resulta la escena en la que se anuncia el final de la guerra. Pepper, lleno de orgullo, se suma al emocionado festejo del pueblo. Celebran la inminente vuelta a casa de los soldados estadounidenses, quienes son también sus padres, hermanos o hijos. Celebran el final de meses de espera e incertidumbre. Celebran el reencuentro, la unión, la paz. Celebran la caída de una bomba atómica y el asesinato de cientos de miles de personas.

[1] Así comienza Amartya Sen el noveno capítulo de Identidad y violencia, describiendo los enfrentamientos que tuvieron lugar en la ciudad de Dacca (hoy capital de Bangladesh) en 1944, entre grupos de musulmanes e hindúes.

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