MDPIFF Día 4: H. y La luz incidente

El día de hoy toca reseñar un interesante y enigmático film, parte de la sección Nuevos Autores, y un asfixiante relato sobre el duelo y la familia -parte de la sección Competencia Internacional. Propuestas diversas con resultados diversos.

Día 4

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H. (2014) es el último film co-escrito y dirigido por Rania Attieh y Daniel García, en lo que es una más de la larga historia de colaboraciones entre sí, que pisa suelo marplatense bajo la categoría Panorama de Nuevos Autores.

Lo que podemos decir en primera instancia, es que es un film extraño y demandante para con el espectador. La estructura del mismo está formada por cuatro partes, donde se narra la historia de dos parejas –una de adultos jóvenes y otra de adultos ancianos- en una misma ciudad y de manera alternada.

Un aparente meteorito cae a la tierra y empiezan a suceder acontecimientos extraños: maquinarias que fallan, gente que se queda catatónica, desmayada o desaparece. Hasta ahí parece una película propia del género de ciencia ficción, sin embargo creo que es solo una de las posibles interpretaciones del mismo. Por momentos la atmósfera hace recordar al estilo de la escrita argentina Samanta Schweblin: hay un cruce del terror, del suspense, donde lo común está asaltado por lo extraño de una manera peculiar.

Una de las temáticas o puntos de análisis que logramos encontrar, entre la vorágine de misterio y rareza que ronda el film, es la problematización sobre el rol de la mujer y la maternidad. Los personajes que más peso cargan –bienvenido sea esto- son los femeninos, ambas llamadas Helen (en lo que es uno más de los varios guiños intertextuales a la tradición cultural griega). Helen mayor siente una pasión extraña por un bebé ficticio (un muñeco, sin más decir), lo que podemos entender como un parche al vacío de no haber podido tener uno propio. Helen joven, por el otro lado, está embarazada de varios meses pero después del suceso las cosas se alteran y se complican para ella y su pareja.

‘H.’ es ante todo una experiencia estética y simbólica que produce tanto hastío como extrañez. Nos recuerda que el fin del mundo no tiene por qué ser general, sino que también puede significar la pérdida de un mundo personal. Hace vacilar al espectador planteando un juego –que es siempre intermitente- entre las causas externas e internas que desembocan al desastre posterior. Quizás uno de sus puntos más flojos sea que demanda más trabajo que la siembra que recoge.

Un guión original y una dirección interesante por momentos. Peca, quizás, de aspirar a más de lo que puede realizar. Sin dudas es una pareja de directores a seguir en el futuro. [68/100]

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‘La luz incidente’ (2015), película dirigida por el argentino Ariel Rotter, comienza con una escena donde vemos a una madre -interpretada por Susana Pampin- recordando y haciendo duelo junto a su hija. Estas temáticas –el recuerdo y el duelo- serán principales en el desarrollo de la historia. El blanco y negro de la película surge –tal como dijo Rotter en la conferencia de prensa- de una necesidad, de una naturaleza propia a los materiales a utilizar. Una película de este estilo, por la temática, por la época de los valores y condiciones sociales a las que remite, exige la escala monocromática. En esto vemos un primer gran acierto del director.

La historia está narrada de manera lineal y nos cuenta la historia de Luisa –interpretada genialmente por Érica Rivas-, una mujer que pierde de la noche a la mañana a su hermano y a su esposo en un accidente de tránsito. El film tratará de cómo Luisa, con dos hijas a cuestas, se dirime entre hacer el duelo correspondiente o seguir adelante con una pareja nueva, con todas las implicaciones sentimentales, económicas y sociales que implica decidir al respecto. En ese sentido logra muy bien, gracias a los planos encuadrados y un gran manejo de cámara, generar una sensación de asfixia cuando es necesario. A esto se le suma la contraposición entre la luz y la oscuridad, traducida en temporalidad día-noche, que simbolizan y traen a colación un sentimiento de querer seguir adelante por sus hijas frente a la más honda depresión, fruto del vacío de perder a su ser más querido.

Ernesto, el personaje candidato a esposar a Luisa, resulta un personaje bastante ambivalente: resulta tanto encantador como intrusivo. Sus intenciones y modo peculiar de comportamiento traen cuotas de humor a la película y sirven para cautivar al público y a Luisa; sin embargo su insistencia constante a ver a las hijas de ésta y de casarse (bajo el argumento mayor de ‘ser necesario’, de ‘hacerlo por las nenas’) traen a colación el patriarcalismo más recalcitrante que hace raigambre en una época conflictiva para la independencia –económica, social y política- de la mujer.

El film hace bien lo que se propone y da lo que puede dar. Quizás resulte largo y repetitivo por momentos, pero no logra mermar considerablemente por ello su calidad y su disfrutabilidad. Se trata sin dudas de una película que posee una dirección eficaz, de una historia que resulta identificable para el espectador (ya que trae a colación los fantasmas de un director, de una familia, pero también de una sociedad) y de actores que cumplen con creces. [80/100]

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