Noticias de ayer

Ayer justo enganché en la tele un capítulo del programa Filosofía aquí y ahora, en el que se comentaba, a grandes rasgos, acerca del papel que tienen los medios de comunicación en la instauración de la verdad y el sentido común. El término ´verdad´ era explicado como la interpretación mediática (o las interpretaciones, en caso de que haya más de una) que, por determinadas razones, ha logrado imponerse sobre sus contrincantes. Para ilustrar esto se aludía a un ejemplo ficcional (no me acuerdo el título de la novela) muy irónico donde un personaje, sabiendo que su vecino ha asesinado a su esposa, no está dispuesto a creerlo hasta que no lo vea en el noticiero.

Si bien en estas palabras no se ha dicho nada excepcionalmente brillante o novedoso, nada sobre lo cual nadie haya escuchado jamás, su intención parece más cercana a la de provocar un momento de interrupción en el televidente que a revelar el último grito de la filosofía. A partir de esto se puede pensar, por ejemplo, cómo aplicamos estos conocimientos a lo cotidiano. Es decir: pensar cómo se relacionan nuestras reacciones y nuestra conducta frente a las noticias que recibimos todos los días, por un lado, y la conciencia que tenemos acerca del poder que ejercen los medios sobre nosotros, por otro lado. Podría plantearse de esta forma: en tanto televidentes (o lectores, oyentes, etc.), nos atraviesa una tensión cuyos dos extremos son 1) la respuesta que damos al ver una noticia, y 2) el nivel de conciencia que tenemos sobre el hecho de que los medios son, valga la redundancia, eso, medios (vías no-inmediatas a través de las cuales nos enteramos un hecho, no nos enteramos de otro, etc.).

La forma en que reaccionamos frente a una noticia está íntimamente ligada, entonces, al nivel de legitimidad que depositemos en el medio por el cual nos enteramos de la noticia, pero también al grado de importancia y valor que atribuimos a los hechos mismos. ¿Que qué reacciones podemos tener ante una noticia? Múltiples: alegría, sorpresa, risa, curiosidad, empatía, temor, bronca, envidia, asco, indignación.

Esta última, la indignación, parece estar muy generalizada: es de las más repetidas y, al mismo tiempo, de las más poderosas. Una especie de energía que tiene algo de fervor justiciero y moralizante, mucho de deseo de salir y manifestarse, y otro tanto de excitación babeante. Y todos la hemos experimentado, y en más de una oportunidad. Resulta particularmente interesante, entonces, prestar atención ante qué tipo de noticias nos indignamos.

No sé. Es un tema tan increíblemente actual, y a la vez tan extraño y retorcido, que cuesta creerlo. A juzgar por el nivel de “indignación general”, ¿desde cuándo la vida de un pibe baleado, o la de una mujer asesinada, vale menos que una pared con pintadas? ¿Desde cuándo nuestra indignación ante un asesinato o hecho violento se dispara a partir de la condición social, la ocupación, el color de piel o el país de origen de las víctimas (y agresores)? ¿Desde cuándo un ataque terrorista es más grave en Francia que en Líbano, Egipto o Turquía? ¿Desde cuándo la salud del futbolista que llegó a primera vale más que la del que juega en la tercera, cuarta o décima categoría? Más aún: ¿desde cuándo parece que estamos obligados a elegir e indignarnos frente a una noticia, excluyendo a la otra?

No se trata de inocencia, no. La pregunta va en serio. El que mira con los ojos del “uh, mirá este flaco, mirá lo que pregunta, desde siempre macho, desde siempre que es así”, y siente una satisfacción revitalizante, que siente que el deber ha sido cumplido y las cosas volvieron a su lugar, pero que en el fondo es muy triste; el que mira con esos ojos, decía, es aquel que no está en condiciones de plantearse esta pregunta porque ni siquiera puede imaginar que las cosas puedan ser diferentes.

O no, a lo mejor la pregunta es desubicada, el que contesta tiene razón y no se diga más.

Imagen tomada de http://desinformemonos.org.mx/

Anuncios

Un comentario

  1. Buena la pregunta y variadas las respuestas, no excluyentes, obviamente. Desde mi pragmatismo, veo una casi única explicación sin que eso signifique cerrar las posibilidades. En general, hacemos gala de un déficit y en algunos casos de ausencia, de criterio . por lo cual estamos obligados a adherir nuestras respuestas a propuestas ajenas, lo que lleva implícito el alejarnos cada vez mas de un criterio objetivo, que siendo libre nos permita dar diferentes respuestas en distintos tiempos sin enmarcarlas en lo que llamamos falsamente, ideología. Bueno, hay mucho para comentar. Y lo haremos en un encuentro personal. Sigue con tus preguntas y provocando.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s